martes 12 de diciembre de 2006

Insomnio

menos contar ovejitas, necesito somníferos ya...

Ya llevaba un par de días tardando en pegar ojo, pero ayer por la noche creo que apenas dormí una hora seguida. Me fui a la cama a las dos, razonablemente convencida de que ya tenía sueño, pero fue tumbarme y que los ojos se me abrieran como platos. Media hora después, empezaba a ponerme nerviosa, porque ya sólo me quedaban cinco horas para poder dormir. A las tres me levanté a cerrar la puerta del armario, no fuera a ser que, a fin de cuentas, el feng shui funcione y el caos de mi habitación me estuviera bloqueando las buenas energías del sueño. A las tres y media me levanté a prepararme una infusión supuestamente relajante. A las cuatro y cuarto seguía tan poco relajada como antes, o más si cabe. A las cinco empecé a plantearme renunciar definitivamente a dormir, tomarme un café triple y quedarme viendo pelis hasta la hora de entrar al trabajo. A las cinco y cuarto decidí que estar en la habitación viendo continuamente la hora en el reloj despertador (sólo dos horas y cuarto para que sonara, mierda, mierda, mierda) me estaba agobiando más, así que agarré el edredón y me tumbié en el sofá de la salita. Es canijo y tremendamente incómodo, pero al menos ahí conseguí echar dos cabezadas antes de que sonara el despertador.

Aunque sospecho que hoy sería capaz de dormir de pie en medio de un campo minado, me he ido a la farmacia en busca de una infusión más fuerte para ayudarme a conciliar el sueño. Y si no funciona, siempre puedo mezclar las pastillas del catarro con una de las botellas de vino que todavía tengo en el piso. Razones de fuerza mayor.