domingo 24 de diciembre de 2006

Ho, ho,ho...


He de reconocer que de espíritu navideño nunca he estado muy sobrada. A lo mejor es porque soy hija única, en Coruña no vive ningún familiar aparte de mis padres y mis abuelos y la cena de nochebuena no se distingue demasiado de otra cena cualquiera, sólo que con cantidades más grandes y teniendo que aguantar a Ramón García en la tele. O porque eso de estar feliz por imposición me repatea un poco. O porque al final satura oir todos los años los mismos villancicos y ver las mismas películas repetidas hasta el infinito ("Qué bello es vivir", "Eduardo Manostijeras", y chopocientos mil telefilmes de esos de "niño del que todos sus compañeros de clase se ríen porque aún cree en Santa Claus hasta que éste le ayuda a reconciliar a sus padres divorciados para pasar la Navidad en familia").
Para rematarla, como comenté alguna vez, debo de ser la única gallega que sufre morriña a la inversa. Lo lógico es que aquellos que están fuera echen de menos su tierra, se emocionen con el auncio de "El Almendro", y esas cosas. Y a mí me da una rabia tremenda tener que quedarme aquí disfrutando de las "entrañables fiestas familiares" (es decir, metida en casa muerta del asco) mientras los cabrones de mis amigos se van de sidras en Ávila y me llaman tajaos perdidos para cantarme "los pastores los pastores ande, ande, los pastores", o algo similar.
Precisamente, lo único que me hace ilusión es recibir mensajes y llamadas de la gente a la que no veo con frecuencia para felicitarme las fiestas. Sí, sé que es absurdo que te alegre una llamada con motivo de una fiesta que odias, pero así de rarita que es una.

sábado 23 de diciembre de 2006

Todo sea por la paz

Estos días he tenido problemillas con blogger, así que no pude escribir animando a la gente a participar en la iniciativa del Día del Orgasmo Global por la Paz, que se celebraba ayer. Al parecer, la iniciativa salió de una pareja de pacifistas americanos, que propusieron que millones de personas de todas las partes del mundo tuvieran un orgasmo el mismo día (ya fuera solos, en pareja, o en la agrupación numérica que cada uno elija), para crear una energía de corriente positiva por la Tierra. Sinceramente, tal como plantean la "explicación científica" de la web me suena un poco friki y muy poco científico, pero a fin de cuentas, sí que está empíricamente probado en la escuela de la vida que la gente está mucho más relajada y feliz después de desahogarse sexualmente, así que igual la iniciativa no está tan mal pensada.

De hecho, basta con ver que una de las principales amenazas para las seguridad mundial, Mr Jorge Arbusto, gasta los dineros en convencer a los ciudadanos de las ventajas de aguantar "solteros y enteros" hasta llegar a la treintena; O la crispación que se respira en los foros de internet, manifestaciones y demás de aquellos que tienen como gran causa en la vida luchar contra el derecho de los demás a follar cuando y con quién quieran...




Make war, no love...


En fin, que aunque la fecha escogida para celebrar el orgasmo global por la paz ya pasó, supongo que esto es como la navidad, que lo importante es mantener el espíritu a lo largo de todo el año. Así que no es tarde para que cada uno vaya aportando su granito de arena, aunque que me temo que George W y compañía no esán por la labor....

(Por cierto, conste que estos pacifistas no han sido los únicos en defender las ventajas del sexo como remedio para aliviar los conflictos internacionales . No, si estoy empezando a entender por qué a los jurados de los concursos de misses les hace tanta ilusión que las candidatas expresen su compromiso con la paz mundial)

viernes 15 de diciembre de 2006

Si no doy la nota no me quedo a gusto...

Como el próximo fin de semana ya nos metemos en plenas fechas navideñas, en el trabajo ya hemos celebrado hoy la comida navideña. Por eso y porque siempre cabe la posibilidad de que el próximo viernes nos toque el Gordo y abandonemos el trabajo en masa para largarnos a algún paraíso tropical (¿a quién quiero engañar? Lo máximo que me ha tocado jamás ha sido el reintegro de una participación, y aunque nos tocara el primer premio, la pasta de un décimo repartida entre todas toca a cinco kilos de los de antes por cabeza, lo cual tampoco da para prejubilarte a los veintisiete).
Así que hoy no hemos trabajado por la tarde, y hemos partido en alegre caravana al restaurante donde siempre organizan estas cosillas, y al que, por supuesto, ni de coña iría si tuviera que pagarme yo el plato. Todo muy bueno, pero, por supuesto, si no doy la nota no me quedo tranquila. Y aunque tenía muy claro que pasaba de lanzarme como loca al vino, porque eso de pillarse el gran ciego delante de los jefes nunca queda bien (menos aún a una semana de que expire el contrato), no contaba con que fuera el vino el que se lanzara a mí. Y es que mientras retiraba los platos, uno de los camareros volcó la copa de vino tinto de mi compañera de enfrente, que estaba llena hasta los bordes y saltó, cual en un anuncio de detergentes, para calar mi jersey por completo. Naturalmente, como esto es la vida real, no apareció la mujercilla que viene del futuro para enseñarte el secreto de la mejor lejía, ni las petardas del kalia rosa, ni demás personajes que en los anuncios te solucionan estas papeletas en un plis. Sólo llegó el camarero con un trapo empapado en gaseosa que, si bien ayudó a quitar un poco las manchas más gordas, no evitó que apestara como si me hubiera hartado a beber hasta rebañar el último barril de todas las bodegas de La Rioja.
Por suerte, como del restaurante me marchaba directa a pillar el tren para casa, mi mochila esperaba en el coche de una de mis compañeras, así que pude cambiarme. Pero sigo preguntándome por qué este tipo de cosas siempre me pasan a mí...
No, esta foto no es de hoy, sino del bodorrio del verano, pero de esta tarde aún no tengo documentos gráficos

martes 12 de diciembre de 2006

Insomnio

menos contar ovejitas, necesito somníferos ya...

Ya llevaba un par de días tardando en pegar ojo, pero ayer por la noche creo que apenas dormí una hora seguida. Me fui a la cama a las dos, razonablemente convencida de que ya tenía sueño, pero fue tumbarme y que los ojos se me abrieran como platos. Media hora después, empezaba a ponerme nerviosa, porque ya sólo me quedaban cinco horas para poder dormir. A las tres me levanté a cerrar la puerta del armario, no fuera a ser que, a fin de cuentas, el feng shui funcione y el caos de mi habitación me estuviera bloqueando las buenas energías del sueño. A las tres y media me levanté a prepararme una infusión supuestamente relajante. A las cuatro y cuarto seguía tan poco relajada como antes, o más si cabe. A las cinco empecé a plantearme renunciar definitivamente a dormir, tomarme un café triple y quedarme viendo pelis hasta la hora de entrar al trabajo. A las cinco y cuarto decidí que estar en la habitación viendo continuamente la hora en el reloj despertador (sólo dos horas y cuarto para que sonara, mierda, mierda, mierda) me estaba agobiando más, así que agarré el edredón y me tumbié en el sofá de la salita. Es canijo y tremendamente incómodo, pero al menos ahí conseguí echar dos cabezadas antes de que sonara el despertador.

Aunque sospecho que hoy sería capaz de dormir de pie en medio de un campo minado, me he ido a la farmacia en busca de una infusión más fuerte para ayudarme a conciliar el sueño. Y si no funciona, siempre puedo mezclar las pastillas del catarro con una de las botellas de vino que todavía tengo en el piso. Razones de fuerza mayor.




Los antiguos amigos

El otro día encontré por Internet un artículo de Javier Marías que me gustó:
( a ver si ha salido bien el link, que yo para estas cosas soy negada).

El caso es que lo leí, lo guardé y estuve pensando un rato en el tema, porque si echo la vista atrás y repaso mentalmente a los antiguos amigos que ya no lo son, con la mayoría vino a pasar un poco lo que explica Marías en su columna. Porque lo que son ex amigos de estos chungos, con los que terminas como el rosario de la aurora y a los que torcerías la cara si te los cruzas (y porque escupir no es de muy buena educación que se diga), apenas si he tenido un par. Cierta mosquita muerta a la que creía mi amiga en COU, pero que una vez me marché a la universidad me dejó de hablar y puso al resto del grupo en mi contra (sigo sin saber por qué); ciertas ex compañeras que me demostraron que a veces, dejar de compartir piso puede ser lo más parecido a un divorcio por las malas (de esos con luchas por la última cucharilla de café, calumnias en el juicio-o ante el casero-, y mentiras para predisponer a los amigos comunes contra la otra parte)... y poco más. Pero por regla general, la mayoría de amigos que han salido de mi vida se han ido sin grandes traumas ni escenitas. Con muchos, de hecho, ni siquiera llego a tener claro cuándo debo dejar de llamarlos "amigos" y convertirlos en "antiguos amigos".

En mi caso, como estudié a muchos kilómetros de mi casa, a algunas personas que en su día las consideré buenas amigas las perdí de vista por la distancia y la dejadez. Hoy en día, con el messenger, los sms y demás inventos es más sencillo conservar la amistad con la gente que está lejos, y hay personas a las que a lo mejor sólo veo cara a cara una vez al año, o con las que a lo mejor no llego a hablar en un par de meses, pero cuando nos encontramos es como si no hubiera pasado el tiempo. Sin embargo, aunque a los "imprescindibles" los conserves, suelen ser más los que desaparecen de tu vida que los que siguen al pie del cañón.

La principal razón por la que se van quedando amigos atrás, de todas formas, supongo que es lo que llamaríamos "distintos intereses", o "evolucionar de forma diferente". Es como cuando tienes catorce años y una amiga de toda la vida con la que llevas compartiendo pupitre desde primero de parvulitos. Pero ese verano cada una pasa las vacaciones en un sitio distinto, y al volver, una se ha hecho gótica, lleva colgantes con la cruz invertida y escribe fragmentos de Poe o Lovecraft en la carpeta, y la otra se ha echado un novio aficionado al tunning llamado Kevin, se lleva microfaldas a ras de chirri, tangas asomando por la cintura y dos kilos de maquillaje, y se pasa los sábados perreando en una discoteca de reaggeton. Y a partir de entonces, sin necesidad de que haya mediado bronca alguna, cada una por su lado. Como mucho, si son vecinas, se saludarán en el ascensor.

Distintas versiones (normalmente menos radicales) de esta situación se van sucediendo a lo largo de los años, en diferentes fases de la vida. A veces, cada amigo empieza a estudiar una carrera diferente y se junta más con sus compañeros de clase que con sus antiguos colegas del instituto. Otras, tú te vas a la universidad y entras en fase de "quiero probar cosas nuevas", y tu amiguísima deja los estudios, se casa con su novio de toda la vida y tiene un par de churumbeles. Aunque lo pongais todo de vuestra parte para seguir en contacto, y quedeis de cuando en cuando para tomar un café, pocas amistades sobreviven cuando una de las personas implicadas habla de viajes a Amsterdam con fiesta en el coffee shop, y la otra de su última discusión con su suegra sobre si es mejor la papilla casera o los potitos de nutribén. A lo mejor si le ponen ganas pueden conservar eso (la sesión de café una vez al año y la felicitación por navidad, la cena anual del viejo grupito de colegas del instituto), pero probablemente cada cuál acabe juntándose, para el día a día, con personas a las que sus historias cotidianas no le suenen a chino cantonés.

De todas formas, a medida que cumples años, y por lo menos en el caso de las mujeres, surge un tipo de amigas que he dado en denominar "amigas de soltería". Dícese de aquellas que, cuando están más solas que la una, se apuntan a un bombardeo (ya les puedes proponer salir de fiesta, ir a hacer rafting, peregrinar a San Andrés de Teixido o ir a comprar el pan a la esquina: ellas, como el perrito ese que se pone en la bandeja de atrás del coche, siempre dicen que sí a todo). Pero una vez dan con un incauto y se emparejan, desaparecen del mapa. Y no, no es que las veas menos porque deben de repartir su tiempo, es que prácticamente parece que se las ha tragado la tierra. A éstas, dependiendo del morro que le echen a la vida, o bien no las volverás a ver el pelo en la vida (con lo que engrosarán la lista de antiguos amigos) o bien volverán a llamarte cuando su relación termine (y eso puede ser tras varios meses...o años), hechas un mar de lágrimas, para que las ayudes a reinsertarse en la sociedad. Si estás muy necesitada de amigos, o si arrastras un fuerte complejo de culpa judeocristiano, que diría Sole la de Siete Vidas, producto de años y años de educación católica que te hace sentir ruin y malvada cada vez que plantas cara y dices "no", puedes compadecerte de ellas y ayudarlas a volver al mundo impar. Pero no te quepa duda de que en cuanto encuentren a otro pardillo, volverán a esfumarse. (Por cierto, ¿existe el equivalente masculino de ese tipo de amiga por interés?).

Lo bueno de este tipo de distanciamientos, de todas formas, es que suelen ser menos traumáticos que las clásicas puñaladas traperas. Lo malo, que un día te pones a echar cuentas y te das cuenta de que tu círculo de amigos se ha reducido una barbaridad en los últimos años, y que ni siquiera sabes decir por qué. Y ésa es (junto a la lenta recuperación de una resaca y que tus familiares mayores bromeen sobre el sexo delante de ti) una de las señales más irrebatibles de que ya has entrado en la edad adulta. Pues eso.

domingo 10 de diciembre de 2006

La mudanza más rápida del mundo

Como ya comenté que soy una envidiosa, y he visto que en blogger hay más posibilidades de personalizar las páginas que con los spaces de msn, he decidido mudarme. A lo mejor es porque los primeros blogs que leí cuando descubrí que esto existía eran de blogger, blogia y similares, o porque no puedo evitar el prejuicio que de siempre me han transmitido los spaces (lo siento en el alma y sé que los habrá buenos, como en todas partes, pero la mayoría de los que he visto llevan títulos del tipo: "la we de Yessi y Rebeka,viva pachá!!!!" o "RakexYoni forever", y contra esa aprensión no puedo luchar...).

Así que reinicio aquí. Intentaré trasladar los posts que había colgado en el space, si no es mucho trabajo, y veré si en esta casita me siento más a gusto.