domingo 21 de enero de 2007

Eufemismos




En una escena de "Closer", Natalie Portman le preguntaba a Jude Law cuál sería su eufemismo cuando se muriera. Según explicaba, cuando alguien muere y tienen que hablar de él durante los actos fúnebres, como está mal visto aludir a los aspectos, digamos, incómodos de la vida del difunto, se recurre a términos eufemísticos para disfrazar ese "lado oscuro" de virtud propia de personas serias y formales. Así, si en vida era conocido por sus borracheras monumentales, en el panegírico se haría alusión a su "predisposición a la alegría"; si trabajaba vestido de drag queen en un night club llamado "la almeja traviesa" se diría que huía de los convencionalismos, y así sucesivamente.


De todas formas, si lo piensas, los eufemismos también los usamos en vida, aplicados a nosotros mismos, para disfrazar de cualidades nuestros defectos, o por lo menos, de simpáticos defectillos nuestros defectos gordos. Por suerte, es fácil establecer una correlación entre los defectos más típicos y sus eufemismos más habituales.


Así, por ejemplo, la típica persona que es capaz de montar un pollo tremendo, con gritos y amenazas de denuncia, al camarero novato que se ha olvidado de traerle la sacarina para el café, se describirá diciendo que tiene "mucho carácter". La que dice que es "muy apasionada" en sus relaciones es capaz de tirarle un vaso a la cabeza a su media naranja por intercambiar dos palabras con alguien del sexo opuesto. El típico tocahuevos que se dedica a sacar fallos a todas tus decisiones y a intentar convencerte de que no das una a derechas, se escudará en la excusa de que "yo es que soy muy sincero,y eso hay personas que no lo soportan". Yo prefiero decir que mantengo un "desorden creativo" a reconocer que soy tan rematadamente vaga que prefiero saltar por encima de la maleta cada vez que entro en el piso a vaciarla y dejarla en el armario.


Con los demás, en cambio, no solemos ser tan magnánimos en vida. Como mucho, extendemos esta fiebre eufemística a nuestras parejas, al menos en esa empalagosa fase inicial en la que no vemos (o no queremos admitir) los peores defectos del otro. Y así, convertimos al celoso patológico en "protector", al calzonazos en "bueno y desprendido", y llamamos "ahorrador" al que es más agarrado que un chotis. Claro que en estos casos es muy frecuente que estos halagadores términos den paso a la realidad una vez se pasa ese primer periodo de agilipollamiento feliz.

sábado 6 de enero de 2007

Mi hombrecito interior se rebela




Hace ya unos cuantos años, cuando estudiaba en Salamanca, tuve una racha de ésas en las que todas mis amigas tenían otros planes: Maribel y la Wendy estaban en la recta final de Medicina y tenían que estudiar más y salir menos, Eli volvió a Ávila, María conoció a Luis y muchas veces preferían quedarse en casa en plan romántico... y como, por mucho que les aprecies, pasar un sábado noche en un apartamento de 40 metros con una pareja recién formada en plan romántico no es exactamente mi idea de fiesta salvaje, yo me iba de juerga con quien pudiera convencer para unirse a mi causa. Por lo general acabábamos saliendo el Luisi y yo (ay, aquellas noches de bajar un momento a por tabaco y volver a las seis de la mañana...), y nos juntábamos con los colegas del otro Luis.

El caso es que una noche de fiesta, creo recordar que en nuestro pisito, alguno dijo (no recuerdo ya quién fue) que yo era como un hombrecito: salía todas las noches, tenía una capacidad de absorción de líquidos-alcohólicos- que ríete tú de Bob Esponja y odiaba limpiar y cocinar. A María, Ana y compañía les hizo gracia la ocurrencia, porque desde entonces se hizo bastante frecuente que se refiriesen a mí como "el hombrecito".

Los años fueron pasando, dejamos Salamanca, volví a Galicia. Ahora no puedo beber ni la cuarta parte que entonces sin ver doble (los años y la falta de práctica), salgo como mucho viernes y sábado (y no por falta de aguante, sino porque aquí no tengo gente que me siga el ritmo), y, eso sí, sigo siendo un desastre para las cosas de la casa (es bonito ver que hay cosas que nunca cambian). He de reconocer que con los años me he ido ablandando (a veces salgo con falda, si estoy premenstrual lloro viendo "Anatomía de Grey"... esas cosillas). De hecho, creo que mi hombrecito interior llegó a estar largas temporadas en estado de hibernación. Sin embargo, cada vez con más frecuencia noto que se está desperezando y lucha por recuperar su espacio.

Últimamente noto que mi hombrecito interno pugna por retomar el control. Noto que se cabrea cada vez que lo meto en uno de esos pubs donde apenas tienes sitio para pestañear, la música es pachangueo del malo y te rodean niñatos de veinte años con camisa de lacoste y toda la pinta de tener la bandera de españa con el toro como fondo de pantalla del móvil y tipos de cuarentaypocos con cara de "me acabo de separar y tengo que recuperar el tiempo perdido" que intentan patéticamente ligar con niñas de diecinueve a las que el tanga les asoma sobre la minifalda (aunque acaban volviendo junto a las de su edad, con el rabo entre las piernas, cuando la cuasiadolescente minifaldera le dice: "ya sé de qué me suena, ¿no es usted el padre de mi amiga mariyeni?).

También lo noto a punto de estallar, en plan increíble Hulk desbordando la camisa de Bruce Banner, cuando tengo más de tres convesaciones semanales en las que se pronuncien las palabras "suegra, boda, novio, niños, matrimonio o similares". O cuando oigo frases del tipo "bueno, a estas edades ya no se puede una permitir pasarse toooodo un año saliendo con una persona sin hablar de boda o al menos de vivir juntos"; "tiiiiiiiiiia, cómo voy a ir a la cena de nochebuena sin mi novio, todas mis primas van a ir con sus maridos y se van pensar que estoy.....glubs....¡soltera!"; o "bueno, ya se sabe que a ellos no les importa tanto como a nosotras tener una boda perfecta o encontrar el detalle ideal para decorar el salón de casa" (eso me lo han dicho a mí, a mí, que he decorado mi salón con un muñequito del niño-esqueleto de la novia cadáver y el tendal de la ropa, porque no me cabe en otro sitio).

Pero sobre todo amenaza con dar un golpe de estado cuando me veo sumida en una de esas conversaciones sobre hombres en las que empiezan a salir los consejos de seducción de los tiempos de la abuelita. Una dice algo así como "lo que hay que hacer para que ellos están pendientes de ti es no dárselo todo desde el principio, hacerles sufrir un poco. Una lo dice, todas le dan la razón, y yo visualizo a la madre de la "nanny Fine", con su pelo rubio cardado y sus camisas doradas talla XXL, advirtiéndome de que "nadie compra la vaca si puede tener la leche gratis". Y a mi hombrecito interior le dan ganas de dar un golpe de estado en toda regla, y marcharse a tirarle huevos a la delegación española de "Cosmopolitan".

miércoles 3 de enero de 2007

Y de esto no te avisan en las jornadas de orientación laboral...



El problema de algunas carreras, como Periodismo, Derecho y Medicina, es que se ha recurrido tanto a ellas en el cine y la televisión que desde fuera se puede tener una versión totalmente desvirtuada de lo que es la profesión. Parece ser, por ejemplo, que ahora que se han puesto de moda "Anatomía de Grey" y sobre todo, "House", han aumentado las solicitudes para matricularse en las facultades de Medicina (hace mucho que no hablo con las amigas que se sacaron el Mir y están haciendo la residencia, pero me atrevería a decir que no les sobra demasiado tiempo para revolcarse en una camilla con un cirujano macizorro).

Del mismo modo, si las carreras de Ciencias de la Información tienen tanto tirón entre los estudiantes (creo que la mitad de los que tiramos por letras en mi colegio, en tercero de bup, lo hicimos pensando en matricularnos en periodismo) es porque las películas, las series de televisión y los libros (a los dieciséis me leí "Territorio Comanche" y estaba convencida de que quería ser corresponsal de guerra, yo, que soy incapaz de visitar Valencia en fallas porque la pirotecnia me ataca los nervios) nos muestran el lado más romántico y trepidante de la profesión. Los periodistas de las películas sacan a la luz grandes escándalos, informan desde primera línea de fuego, se enfrentan a todo y a todos para sacar la verdad a la luz. Porque la gente merece conocer la verdad, y tal. Y claro, todo ese material se te va quedando en el subconsciente. Aunque si lo piensas, puede resultar tan absurdo como si un chaval escogiera trabajar de repartidor a domicilio después de ver las propinas que reciben estos trabajadores en las películas porno.

El problema es que luego empiezas a ejercer, y descubres todo lo que los guionistas y directores te han estado ocultando porque no resulta glamouroso, bohemio o interesante. Y es que en las películas y en las series de periodistas, a los protagonistas no les suelen encasquetar reportajes sobre "vecino de tal parroquia encuentra en su huerta una calabaza de medio metro de diámetro". Ni les toca ir a cubrir la presentación de una frutería apadrinada por Tamara-Ambar-Yurena y por Leonardo Dantés, o pasarse dos noches delante de la cárcel para ver si la Panto visita a Cachuli (vale, en los últimos años han salido telecomedias tipo "la cruda realidad" que abordan ese mundillo, pero hacen parecer que esquivar el linchamiento de un guardaespaldas es super cool y divertido). Ni su empresa les prohibe publicar una noticia, o hacer una entrevista en profundidad, para mantener contentos a los políticos afines. Ni les mandan hacer reportajes sobre verbenas de pueblo y preguntarle si le gusta la orquesta a abueletes con tres copas de más que te sueltan alguna babosada ante la cámara...ni ninguna de las miserias(algunas muy divertidas, eso sí) que salen a relucir en cualquier cena distendida entre amigos del gremio.

martes 2 de enero de 2007

Retrospectiva y propósitos de enmienda

En 2006...

- Pasé por fin todo el año trabajando de lo mío. Sin paso por el Inem, sin cursillos para llenar currículum y sin empleos basura con contrato de un mes.

- Afronté algunos de los desafíos de vivir sola. Cosas como tener que superar el vértigo para subirme a una escalera y cambiar las bombillas.

-Marta y Luisi vinieron a visitarme, justo el fin de semana de la noche de San Juan. Que fue de las más divertidas que recuerdo, a pesar de compartirla con gente que tiraba media botella de whisky a la hoguera para aviviar el fuego y se veía en la obligación de explicarnos que el sol sale por el este.

-Empecé a estudiar Francés en la Escuela de Idiomas, y me saqué otras dos asignaturas de Filología Inglesa. Aprendí la lección y me matriculé sólo a tres en octubre, en vez de intentar sacarme un curso entero.

-Visité Valladolid por primera vez, y me perdí la fiesta de San Alberto por primera vez desde que me fui a estudiar a Salamanca.

-Tuve algún chasco, alguna decepción y algunos días muy divertidos. Pero en general, fue un año bastante sosillo.

En 2007 ...

- Quiero aprobar las tres puñeteras asignaturas a las que me he matriculado. Y el primer curso de francés. Y si vuelvo a pasar una crisis existencial de no saber qué hacer con mi vida, acordarme de no matricularme a más cosas e irme a la peluquería como hace la gente normal.

- Voy a recuperar mi costumbre de ir al cine sola y entre semana. Son todo ventajas: puedo escoger la peli que me dé la gana y como hay menos gente, no tengo que soportar ruido de chucherías, comentarios supuestamente chistosos de manadas de adolescentes o el cuchicheo del pedante vecino de asiento que está intentando impresionar a la churri desplegando toooodos sus conocimientos cinematográficos.

- Quiero viajar más. A dios pongo por testigo de que no me vuelvo a pasar otras vacaciones u otro puente largo metida en casa en Coruña esperando que a alguien le apetezca bajar a tomar un café. Si nadie tiene vacaciones al mismo tiempo que yo, o a nadie le apetece viajar, aunque sea me voy yo sola a donde sea. Y si puede ser, a un sitio de habla inglesa, que así me obligo a socializar y practico el idioma.

-No pienso proponerme hacer más ejercicio. De hecho, acabo de darme de baja del gimnasio pijiguays al que estuve intentando ir durante varios meses, y pienso dedicar el dinero a tener televisión digital y adsl vía R. Sí, no es un propósito muy noble, pero la única tarde laborable que tengo libre es la del miércoles, y no me apetece pasármela haciendo abdominales.

-Debería hacer caso a Ikea y redecorar mi vida. Borrar de la agenda del móvil los teléfonos que no he marcado en los últimos tres o cuatro años. Alejarme de los supuestos amigos que en vez de apoyarme o hacerme la vida más fácil, meten el dedo en todas las llagas y sólo se meten en mis asuntos para complicármelos. Conocer gente nueva. En mi piso de Vigo tengo un soporte para colgar fotos, y de siete sólo hay una posterior a 2005, lo que puede ser un buen indicador de que, como diría Karina, cualquier tiempo pasado me parece mejor. Y una cosa es seguir conservando a los amigos de siempre, y otra muy distinta vivir más anclada en el pasado que un guionista de "Cuéntame"...