
Dicen que la razón por la que House tiene tanto éxito es que hace lo que a todos nos gustaría hacer: poder decir en todo momento lo que pensamos, sin medias tintas, sin ser diplomáticos, sin mordernos la lengua por razones tan nimias como que nuestro puesto de trabajo o la armonía familiar dependan de ello. Y probablemente sea cierto. Al fin y al cabo, ¿quién no se ha quedado con las ganas de soltar una bordería antológica a un superior incompetente, un cliente prepotente o un pariente lejano con lengua viperina?
Si trabajas cara al público, tienes que aguantar impertinencias, manías, broncas o insinuaciones sexuales de personas a las que querrías mandar al carajo, porque se supone que el cliente siempre tiene la razón. Si trabajas en periodismo, aunque el cine o las series de la tele vendan una visión más idealista del asunto, estás sometido a la publicidad o a las relaciones de tus superiores. Das caña a quienes ellos quieren (sea por motivos justificados o jugando a las conspiraciones)y haces la vista gorda a quienes te indican desde arriba, porque no se muerde la mano que te da de comer. No digamos si eres comercial y trabajas por objetivos... en general, buena parte de nuestra responsabilidad laboral consiste en sonreir y poner buena cara aunque notemos la bilis subiendo por nuestra garganta.
Visto lo visto, no es de extrañar que, aunque tal vez no nos hiciera especial ilusión que alguien así nos atendiera en una consulta de la Seguridad Social, a muchos nos encanta ver y oir las salidas de tono del doctor House en la gran pantalla. Porque supongo que quien más quien menos ha tenido que sonreir a alguien a quien hubiera preferido meterle un termómetro por el culo.
De hecho, no estaría mal que los expertos en videojuegos aparcaran un poco las luchas callejeras, las carreras de vehículos o el singstar y sacaran un simulador de House para la Wii, en el que pudiéramos desahogarnos tratando a patadas, sin mayores consecuencias, a aquellos a los que debemos pelotear vilmente en la cruel vida real.