lunes 19 de marzo de 2007

Quién fuera House algunas veces...



Dicen que la razón por la que House tiene tanto éxito es que hace lo que a todos nos gustaría hacer: poder decir en todo momento lo que pensamos, sin medias tintas, sin ser diplomáticos, sin mordernos la lengua por razones tan nimias como que nuestro puesto de trabajo o la armonía familiar dependan de ello. Y probablemente sea cierto. Al fin y al cabo, ¿quién no se ha quedado con las ganas de soltar una bordería antológica a un superior incompetente, un cliente prepotente o un pariente lejano con lengua viperina?

Si trabajas cara al público, tienes que aguantar impertinencias, manías, broncas o insinuaciones sexuales de personas a las que querrías mandar al carajo, porque se supone que el cliente siempre tiene la razón. Si trabajas en periodismo, aunque el cine o las series de la tele vendan una visión más idealista del asunto, estás sometido a la publicidad o a las relaciones de tus superiores. Das caña a quienes ellos quieren (sea por motivos justificados o jugando a las conspiraciones)y haces la vista gorda a quienes te indican desde arriba, porque no se muerde la mano que te da de comer. No digamos si eres comercial y trabajas por objetivos... en general, buena parte de nuestra responsabilidad laboral consiste en sonreir y poner buena cara aunque notemos la bilis subiendo por nuestra garganta.

Visto lo visto, no es de extrañar que, aunque tal vez no nos hiciera especial ilusión que alguien así nos atendiera en una consulta de la Seguridad Social, a muchos nos encanta ver y oir las salidas de tono del doctor House en la gran pantalla. Porque supongo que quien más quien menos ha tenido que sonreir a alguien a quien hubiera preferido meterle un termómetro por el culo.

De hecho, no estaría mal que los expertos en videojuegos aparcaran un poco las luchas callejeras, las carreras de vehículos o el singstar y sacaran un simulador de House para la Wii, en el que pudiéramos desahogarnos tratando a patadas, sin mayores consecuencias, a aquellos a los que debemos pelotear vilmente en la cruel vida real.

viernes 9 de marzo de 2007

Ampliando horizontes musicales

Esta noche me voy de concierto. No he oído nada del grupo (Sex Museum), salvo un par de canciones que he escuchado en su myspace para saber dónde me meto, pero me apetece mucho, mucho, mucho salir, y como no apostaría demasiado porque mañana se anime nadie, tocará experimentar. Aparte de que he echado cuentas el otro día: no he ido a un concierto desde noviembre, y no recuerdo la última vez que fui al cine. Joder, joder, joder, que yo no era así. Yo era de las que aprovechaba todos los días del espectador, de las que se apuntaban a un bombardeo. El problema es que últimamente, a mi alrededor no hay demasiados bombardeos a los que apuntarse.

Supongo que parte del problema es que aquí todas trabajan cara al público, y les gusta aprovechar el fin de semana para relajarse en casa, leyendo, viendo la tele o matando el rato en Internet. Y yo trabajo ocho horas sentada, buscando información en internet o en los periódicos (ergo leyendo), vuelvo a mi solitario piso y mato el rato leyendo más, navegando en Internet y viendo un poco la tele. Así que llego a Coruña ansiosa de socializarme (yo, que en mis tiempos gloriosos era tan borde que House a mi lado parecería Ane Igartiburu... quien me ha visto y quien me ve), de respirar aire fresco (es un decir, el aire en los bares por los que me muevo no se caracteriza por su frescura), de tratar con otros seres humanos cara a cara, y no por teléfono o por mail... y en un cincuenta por ciento de los casos, mis ansias de salir chocan con las ansias de dormir/descansar/ver la tele del resto del mundo, y como a todas las minorías, me toca adaptarse y ser flexible (en momentos así es cuando una empieza a ver los defectillos del sistema democrático).

Y a continuación, primer experimento de música en el blog. Si todo va bien, a continuación podrá escucharse una de las canciones que supuestamente escucharé esta noche. Si no... pues supongo que se verá una sencuencia de números raros sin sentido, y en un rato borraré este último párrafo para no dejar constancia de mi incompetencia informática.